Brechas

Factor 1. Mi amigo Javi y yo no dábamos crédito. Una señora, con una pericia poco improvisada, acababa de recorrer la barra de la Sidrería Zapico amontonando sobre una servilleta de papel todos los pinchos con los que podía cargar. Aquí, como en casi todas las sidrerías de Asturias, los pinchos se ofrecen a los clientes de forma gratuíta. Ella los acumuló sin pagar consumición y con una naturalidad que nos dejo ojipláticos a todos los que nos percatamos de la jugada. Uno de los camareros suspiró apesadumbrado cuando la mujer abandonó el local con su botín: quizás no era la primera vez que sucedía, quizás no era la primera vez que no sabía cómo reaccionar ante pequeños hurtos como ese. Y eso que sucedió a principios de año, mucho antes de la avalancha de recortes.

Pinchos a tutiplén

Factor 2. Era una mañana más en el restaurante de moda de la Calle Velázquez. La mise en place  preparada, con abundancia de los habituales mariscos del Cantábrico, sin escatimar en caras especias ni en exóticos vinagres. El comedor se fue llenando sin problema, como todos los días. Las barricadas de la marcha minera no habían sido obstáculo en la zona. A golpe de cebiche y a sorbo de borgoña, las conversaciones mundanas ignoraban lo que estaba sucediendo en ese mismo momento en el Congreso de los Diputados: subidas del IVA, descenso de las prestaciones por desempleo. La media de las propinas de ese día tenían tres dígitos.

Ergo… La crisis económica agiganta las brechas sociales. Y cada día más

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