El jarrete glaseado de ‘Doble Q’, Villaviciosa

Sospecha de los restaurantes y fondas de los que apenas tienes referencias. Ni buenas ni malas. El motivo suele ser que no tienen nada que aportar a tu colección de recuerdos gastronómicos. Podría resumir con las apenas treinta palabras que llevo escritas hasta ahora mi experiencia en el restaurante ‘Doble Q’, pero iré un poco más al detalle describiendo uno de los platos que allí sirven y que considero representantivo del tipo de cocina que aquí realizan: de mercado, correcta y nada sorprendente.

Reconozco que fui a comer el pasado domingo al ‘Doble Q’ con el nivel de expectativas cargado a tope debido a que su jefe de cocina, Alex Sampedro, fue el ideólogo del último ganador del ‘Certamen de pinchos y tapas de Asturias’. Un bocadillo de morcilla que no llegué a probar, pero del que sólo escuché piropos. Eso y que al estar ubicado junto a un hotel balneario de cinco estrellas, esperaba alta Gastronomía.

Echando un ojo a la carta se puede comprobar que el chef apuesta por los platos autóctonos y los productos asturianos. No faltan la fabada ni los pescados ni las elaboraciones con quesos de la tierra. Yo opté por pedir un jarrete (o morcillo) de ternera glaseado. Deshuesado y con una crema de patatas y unas setas.

Jarrete de ternera glaseado

Jarrete de ternera glaseado

Esta parte de la ternera, la de la pantorrilla, es muy sabrosa y tierna. Aquí optan por cocinarla al vacío y a baja temperatura, la forma habitual de elaborarla para tener suficiente cantidad para posibles imprevistos… y también cuando se avecina una boda y hay que prepararla por docenas. Esta técnica le da más sabor a la carne y una textura mantecosa. Bien. Se puede preparar con mucha antelación ya que para servirla sólo tienes que calentarla y marcarla en una plancha o sartén. Pues bien, este último paso no estaba bien ejecutado: la superficie del jarrete estaba casi quemada, dotando al conjunto de un sabor poco agradable por momentos. No ayudaban a aliviarlo una crema de patatas bastante salada y anodina y unas setas sin sustancia.

Digo que este plato es representantivo de la cocina que se elabora en ‘Doble Q’ porque no aporta nada nuevo al paladar. Ni rastro de sabores inesperados ni de condimentos insospechados. Cuando acudes a un restaurante de esta categoría esperas que ya que vas a pagar un precio superior a la media, te sorprendan con las elaboraciones. Pero en este caso, esa sensación no se produce. Y es entonces cuando entiendes que apenas hayas escuchado hablar del ‘Doble Q’, porque es un lugar destinado a alimentar en serie a decenas de invitados a una boda, a clientes poco exigentes, fans del postureo, sin miramientos y sin tener en cuenta a los comensales más receptivos a nuevas combinaciones de sabores.

Decepcionante. Como para no volver.

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