El cruasán de pistacho de ‘Pomme Sucre’, Gijón

Si hay un producto al que la elaboración industrial ha pervertido, ese es el cruasán. Nos hemos acostumbrado tanto a comer la ponzoña que llega a los supermercados con ese nombre que cuando nos ponen delante un verdadero cruasán no sabemos si es lo mismo que compramos por docenas en la sección de bollería.

Pero los cruasanes no son bollos bastos. La receta austríaca original sólo incluye tres ingredientes: hojaldre, levadura y mantequilla. No tengo el placer de haber catado uno a la sombra de la Torre Eiffel, pero la opinión más extendida es que los franceses son los maestros en su elaboración y que han sentado las bases de cómo tiene que ser el cruasán perfecto: crujiente en el exterior, con un intenso sabor a mantequilla y esponjoso en el interior.

Dicen los expertos que en España es prácticamente imposible encontrar un buen cruasán. En todas las listas que últimamente enumeran los mejores del país aparece ‘Pomme Sucre’. La alta pastelería de Julio Blanco con sede en Gjón y delegación en Madrid que presenta auténticas delicatessen en sus estantes.

Cruasán apistachado

Cruasán apistachado

Además del clásico cruasán, en ‘Pomme Sucre’ sirven otras variedades que agradan tanto a la vista como impresionan al gusto. De almendra, chocolate y pistacho. Me detengo en este último, por original y logrado, y por reivindicar el uso de ese fruto seco en bollería.

Pistacho rodeado de cruasán

Pistacho rodeado de cruasán

Ya véis en la foto que reúne las características que debe tener un buen cruasán, crujiente por fuera y tierno por dentro. Pero en el centro sorprende una masa de pistacho, que lejos de anular el sabor de la mantequilla, lo complementa a la perfección. Los frutos secos maridan bien con la bollería de lujo, y los pistachos están demasiado infrautilizados en la repostería en general. Así que bien por Julio Blanco por apostar por este ingrediente verde.

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4 thoughts on “El cruasán de pistacho de ‘Pomme Sucre’, Gijón

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  2. Yo estos no sé cómo sabrán, pero he tenido la oportunidad de probar los “aunténticos franceses” que comentas en el blog y son una auténtica maravilla. Simplemente con partirlos por la mitad y ver ese color amarillento en plan sobao pasiego, se te hace la boca agua…

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