Somos homo spiritus (los buñuelos de mi abuela)

Además de sapiens somos homo spiritus. Para los poco familiarizados con el latín, es la palabra que en esa lengua más se acerca a la definición de lo que hoy conocemos por bebidas alcohólicas, espirituosas. Y esto es así porque desde el mismo momento en el que dejamos de ser seres nómadas y decidimos optar por el sedentarismo y el cultivo de cereales, empezamos a experimentar con la fermentación de los mismos. Idilio con el alcohol que se ha mantenido en todas las culturas y que ha sobrevivido a civilizaciones.

Y, claro, desde hace miles de años parte de nuestros esfuerzos mentales se han dedicado a buscar remedios para paliar los efectos de la ingesta masiva de orujos, vinos, cervezas y demás licores. La de combatir la resaca no es una ciencia exacta aún, pero sí hemos conseguido depurar la técnica, sobre todo, volviendo a lo básico: nada apacigua más a nuestro cuerpo tras los excesos etílicos que el pan y las frutas.

Todo esto viene a cuento de que, queramos o no, la de San Mateo es una fiesta fuertemente vinculada al alcohol, o al menos es la forma más habitual de celebrar el 21 de septiembre. No en vano, nuestro patrón, San Sebastián, es el ilustre santo de los borrachos. A grandes fiestas, grandes resacas, y por lo tanto hay que buscar grandes remedios para sobrevivir y aguantar a San Mateo.

Mi propuesta para sobrellevar estos días es un postre con una fuerte carga sentimental. Son los buñuelos de pan que mi abuela cocinaba a la perfección. Recuerden: el pan absorbe como ningún otro alimento los restos de alcohol en el cuerpo. Olor y sabor a canela, a limón, a leche. Ingredientes sencillos y una elaboración poco complicada. Y, por qué no, podemos reivindicarlo incluso como postre ‘sanmateíno’.

Mi versión de los buñuelos de mi abuela

Mi versión de los buñuelos de mi abuela

Ingredientes para 12 buñuelos:

– 1 litro de leche entera

– 4 huevos

– Pan del día anterior. Con una miga de la consistencia del Pan de Orzales o similar.

– 4 cucharadas de azúcar

– Ralladura de un limón y de una naranja

– Un chorrito de anís

Elaboración:

1. Ponemos en un cazo la leche, con la canela, la ralladura de las frutas y la mitad del azúcar. Llevamos a ebullición, y dejamos templar fuera del fuego.

2. Desprendemos la corteza del pan, cortamos las migas duras en trozos pequeños y las colocamos en un bol. Añadimos cucharadas del preparado de leche anterior. Lo hacemos hasta que las migas no absorban más leche, pero sin que quede líquido sobrante.

3. Batimos los huevos y se lo añadimos a la mezcla de miga con leche, junto con el resto del azúcar y el chorrito de anís. El resultado no debe de ser líquido, sino pastoso. Con dos cucharas, hacemos bolas del tamaño de una albóndiga.

4. En una sartén con aceite muy caliente, freímos las bolas de masa hasta que estén bien doradas. Dejamos escurrir el exceso de aceite.

5. Colocamos los buñuelos en una cazuela junto con el resto de la leche infusionada con la canela y las ralladuras de frutas, y llevamos a ebullición. Mantenemos así unos 5 minutos, sin que lleguen a deshacerse.

6. Servimos en un plato hondo, uno o dos buñuelos calientes inundados de leche y con un poco de canela en polvo.

¡Buen provecho!

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